Alajuelense, de tocar el cielo con la 31 a rozar el abismo en solo cuatro meses

Hace apenas cuatro meses, Liga Deportiva Alajuelense vivía una noche de gloria. En diciembre, su afición celebraba con euforia la esperada Copa 31, ese título que durante cinco largos años se le había escapado de las manos y que, por fin, llegó en el escenario más simbólico posible: ante su archirrival y en la llamada Catedral del fútbol costarricense.

La forma también alimentó la emoción. No fue una final cualquiera. Fue una victoria contundente, con autoridad, con carácter y con un marcador que tuvo aroma de goleada. Para el liguismo, aquella noche parecía marcar el inicio de una nueva etapa. Una señal de grandeza recuperada. Un golpe sobre la mesa.

Pero el fútbol suele tener memoria corta y castigos rápidos.

Hoy, apenas unos meses después, el panorama rojinegro es completamente distinto. Lo que en diciembre fue éxtasis, ahora se ha convertido en preocupación, frustración y una sensación amarga de caída libre. Alajuelense pasó de mirar a todos desde arriba a caminar al borde del fracaso deportivo en el Clausura 2026.

Un campeón que nunca logró parecer favorito

El mal presagio llegó desde la primera jornada. La Liga apenas rescató un empate 2-2 ante Liberia, un resultado que en aquel momento pudo parecer un tropiezo aislado, pero que con el paso de las fechas terminó funcionando como advertencia.

Desde entonces, el equipo nunca encontró estabilidad. En este Clausura 2026, Alajuelense no supo lo que fue estar en el primer lugar, una realidad muy distinta a la del torneo anterior, cuando verlo en la cima de la tabla se había vuelto casi una costumbre.

El problema no fue solo de resultados. También fue de sensaciones. El campeón perdió autoridad, perdió frescura y, sobre todo, perdió esa imagen de equipo dominante que había construido en el cierre del campeonato anterior.

Ronaldo Cisneros ha sido una de las figuras ofensivas de Alajuelense en un Clausura 2026 marcado por la irregularidad rojinegra. Fotografía: Prensa LDA.

La fiesta terminó demasiado pronto

Ganar títulos cada seis meses tiene una cara peligrosa: la gloria dura poco y la exigencia vuelve demasiado rápido. Un día se celebra una copa; al siguiente, la misma afición exige respuestas. Y en Alajuelense, esas respuestas no han llegado con la contundencia esperada.

A la irregularidad futbolística se sumaron comportamientos de algunos jugadores que estuvieron lejos del profesionalismo que demanda una institución de este tamaño. En un club grande, no basta con jugar bien de vez en cuando. También se exige compromiso, disciplina y respeto por la camiseta.

La dirigencia, lejos de enviar un mensaje fuerte, pareció reaccionar con demasiada suavidad. En lugar de imponer mano dura, la sensación que quedó fue la de una simple llamada de atención, una palmadita en la espalda y la fiesta continuó.

Ese detalle no pasó desapercibido para una afición que no solo reclama puntos, sino también carácter.

La clasificación pende de un milagro

Hoy, Alajuelense se encuentra en una posición incómoda, casi desesperada. La clasificación depende de una combinación de resultados que roza lo milagroso, al mejor estilo de una historia dramática de la “Rosa de Guadalupe”.

La ironía es que precisamente en tierras guadalupanas podrían quedar enterradas las últimas ilusiones rojinegras. Allí, donde todavía se aferra a una mínima esperanza, también podría escribirse el capítulo final de un torneo para el olvido.

Óscar Ramírez, entre el cansancio y la decepción

Óscar Ramírez luce desgastado. No solo por los resultados, sino por la forma en que se ha ido desmoronando el proyecto en este Clausura 2026. Su rostro transmite cansancio, pero también una dosis evidente de decepción.

No es para menos. El técnico sabe que la batalla está casi perdida. También lo sabe la afición. También lo sabe el vestuario.

La Liga, ese equipo que hace cuatro meses tocó el cielo con la Copa 31, hoy camina peligrosamente cerca del abismo. Y en el fútbol, cuando se cae desde tan alto, el golpe suele doler mucho más.

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